LA CURIOSA HISTORIA DEL CATAMARAN FLOR D¨AGUA

Por Antônio Luiz de Souza Mello



Comandante pierde uno de los timones durante la regata Recife-Fernando de Noronha; hace dos nuevos aún en el Archipiélago y decide participar de la regata Fernando de Noronha-Natal, donde se consagra campeón en esa clase.





A las 11 horas y 48 minutos del 27 de octubre cruzaba la línea de llegada de la regata Recife-Fernando de Noronha versión 2004, después de 45 horas y 33 minutos de regata el catamarán Flor D¨agua, comandado por el timonel de Bahía, Carlos Mario Pedregal. Aparentemente su posición en la regata, el 68º barco en cruzar la línea de llegada en una flota de 120 competidores que consiguieron concluir el recorrido, habría sido un resultado normal en la competición, considerando que era uno de los barcos más pequeños, con alojamiento mínimo y la regata fue corrida apenas con dos tripulantes.


En realidad la regata finalizó gracias a la increíble determinación de su comandante. En uno de los cascos no había timón. Este se partió durante la primera noche de la regata y, aunque fue percibido por Carlos Mario, no comentó nada, para no asustar a su tripulante. Si no hubiera sido por este accidente, el Flor D¨agua habría llegado unas diez u once horas antes. Cuando percibió que había perdido el timón. Carlos Mario pensó en regresar a Recife, evitando tener que pedir ayuda más tarde, en el caso de no progresar. Pero, decidió continuar, reduciendo paño y protegiendo el barco como fuera posible.


Casi sin descanso, continuó haciendo todas las maniobras, pues, por causa de un mar revuelto, su tripulante estaba muy mareado y débil, poco podía contribuir para ayudarlo. Después de entrar a sotavento de la isla, el Flor D¨agua enfrentó un nuevo desafío. El viento, ahora de proa, pedía en cada borde rápidas viradas, punto fuerte de este catamarán. En aquel momento, con un solo timón, ya no podían ser realizadas. En esta final angustiante varios barcos pasaron al Flor D´agua, inclusive el multicasco vencedor en su clase.


Ya en tierra, Carlos fue saludado con respeto por sus adversarios, simplemente por el coraje de haber participado con un barco tan pequeño. Cuando él contó que hizo tres cuartos de la regata sin uno de los dos timones, el espanto fue total.


La historia del Flor D¨agua es el resultado de una sociedad afortunada entre el timonel Carlos Mario Pedregal, una persona de gran energía y mucha competencia, además de ser un timonel excepcional, y el Estudio de proyectos Roberto Barros Yacht Design, conocido por sus proyectos de veleros, pero sin tradición en diseños de multicascos.


Según Roberto Barros, Cabinho, a pesar del entusiasmo del Estudio por los multicascos, nunca le encomendaron un proyecto de este tipo. El Estudio había realizado un proyecto, por su cuenta y riesgo al cual denominaron Bora-Bora, para ofrecerlo a futuros interesados, fue cuando encontraron a Carlos Mario buscando planos de catamaranes para la construcción amateur. El Bora-Bora cayó como un guante para lo que él deseaba. En menos de un año, en un show de eficiencia y rapidez , estaba


terminado el Flor D¨agua, con todo el trabajo realizado solo por él y con una calidad impresionante.


Cabinho contó que realizaron el proyecto teniendo en mente producir un barco fácil de construir, fuerte y barato con desempeño compatible al que se espera de un milticasco. “El precio de los catamaranes es caro, principalmente porque su construcción es difícil y por el alto costo de sus materiales “composite” generalmente empleados. Para ser veloces necesitan ser livianos y como el esfuerzo es grande, la construcción “high-tech” es la más indicada” aclara Cabinho. “Al optar por la construcción en “ply-glass”, solamente un poco más pesada, pero igualmente robusta, bajamos el costo, y el hecho del Bora-Bora haberse mostrado super veloz, es el resultado del proverbial “jeitinho” brasilero”, completó.


Para sorpresa de su propietario, el barco navegó igual a sus principales adversarios, contra el viento, en las primeras regatas, aún sin la instalación de las orzas. Cuando éstas, finalmente, se instalaron, se descubrió que el Flor D¨agua era el catamarán que más orzaba en el recóncavo bahiano. Después de dos temporadas regionales, Carlos Mario decidió participar de Refeno 2004. Una temeridad, para varios timoneles, teniendo en cuenta el porte tan pequeño de su embarcación.


Cabinho, que participó de Refeno con su Multicine 28, el FIU, cuenta que estaba más o menos unas dos millas más allá de la boya Norte, que limita la entrada al puerto de Recife, cuando el Flor D¨agua los pasó como un cohete , en quinto o sexto lugar, en una flota de más de 13 multicascos. “Al frente navegaba el Manta, un “Cat” de más o menos 40 pies de la mejor calidad. Carlos colocó el Flor D¨agua orzando, ganando velocidad izó el spinaker e pasó de lleno al indefenso Manta. Atrás de ellos venía una multitud de catamaranes, inclusive el gigantesco Guruçá. A la noche, Carlos descubrió que estaba solamente con un timón, el golpe debió ser muy duro, pues un castigo de esos nadie merece”, comenta Cabinho.


Según aclaró Cabinho, el accidente con el timón está relacionado con la búsqueda del formato más eficaz, pues Carlos creía que el timón original del proyecto tenía poca compensación. Entonces, de acuerdo con el Estudio, construyó uno nuevo, aún sin planos, para testar una compensación un poco mayor. No satisfecho aún, construyó un tercer timón, para que, solo entonces, realizaran el proyecto definitivo, y y fue este timón el que se quebró. “Ahora con el modelo optimizado, proyectaremos el nuevo timón, calculado para resistir a las más severas exigencias”, aclaró el proyectista.


En Noronha, la odisea del Flor D¨agua aún estaba lejos de finalizar. Teniendo en vista el exiguo espacio disponible a bordo, Carlos y su tripulante bajaron a tierra y fueron a dormir. A la noche, el barco se soltó misteriosamente de (la amarra) y salió derivando que ni el Flying Dutchman, en dirección al Caribe. Por milagro, uno de los navíos de escolta de la marina percibió que aquel catamarán era un fugitivo(estaba a la deriva) y envió un gomón para alcanzarlo, estaba a 7 millas de la isla. Carlos con el corazón en la boca fue al encuentro de su endiablado Flor D¨agua, que, a esa altura estaba amarrado a popa del navío.


De regreso a la isla, buscó al carpintero local para resolver el tema del timón. El carpintero de la isla le dijo que no tenía tiempo. Entonces, Carlos pidió que le prestaran

herramientas y, con sus propias manos, no hizo uno, sino dos nuevos y relucientes timones, por las dudas, que enseguida estarían instalados.


Faltaba el último capítulo de esta historia. En una prueba de obstinación, Carlos Mario se inscribió para participar de la regata Fernando de Noronha-Natal. Y, esta vez, no cedió ante nadie! El Flor D´agua fue el vencedor en su clase, llegando al frente de muy buenos timoneles.




Cabinho dice que pretenden desarrollar un nuevo modelo, esta vez con cabina en la faja de los 38 pies (11,58m. de eslora). “Ahora, no como novatos, pero con la sensación de que acertamos en el blanco del primer tiro, pues en el primer ensayo llegamos donde muchos otros que, con mucha más experiencia, aún no consiguieron llegar”.