Entre el 6to.y el 8vo mes se produce un cambio decisivo en la conducta del niño hacia los otros. La capacidad para la diferenciación perceptiva diacrítica ya está bien desarrollada y el infante distingue claramente entre el amigo y el extraño. Si un extraño se acerca a él, dará muestras de recelo y de angustia y rechazará al desconocido. La conducta individual del niño varía ampliamente. Puede bajar los ojos tímidamente, cubrirlos con las manos, ocultarse el rostro con su ropa, arrojarse boca abajo, llorar o chillar. Esto se debe a una negativa a entrar en contacto con el desconocido. Este patrón de conducta se denomina angustia del 8vo mes y es la primera manifestación de la angustia propiamente dicha.
En el primer año de vida se distinguen 3 tapas de angustia:
-La primera es la reacción del infante al proceso del parto: aprox. en la 1er. semana que le sigue al parto se producen manifestaciones de desagrado que en una edad más avanzada pueden originar angustia, pero que no lo son en el sentido del psicoanálisis.
Aprox. a la octava semana de vida las manifestaciones de desagrado se hacen cada vez más estructuradas e inteligibles. Desde el lado del niño constituyen aún un indicio de incomodidad, una demanda de ayuda. A medida que las manifestaciones del niño se hacen más inteligibles, las respuestas del medio se vuelven más adaptadas a las necesidades que expresan, pudiendo el niño captar una conexión entre lo que hace y la respuesta del medio. Por el 3er mes de vida, el infante puede enviar señales volitivas y deliberadas, a las cuales el medio responde satisfaciendo sus necesidades. Es la etapa de “la llamada”.
La expresión de las necesidades del niño va seguida de la satisfacción del medio, igual secuencia que la operada en el reflejo condicionado. La diferencia es que en éste la sugerencia parte del exterior, de otro y la respuesta viene de dentro, del sujeto. En cambio, en “la llamada”el niño hace la sugerencia por medio de sus gritos de hambre, y el medio que responde será condicionado por el infante. Como esta secuencia se repita con gran regularidad en la vida del pequeño, las 2 partes que constituyen la experiencia. Los gritos de hambre seguidos de la satisfacción, son la base del sentimiento de omnipotencia que constituye una etapa primera del sentido de la realidad y la huella inicial de la categoría de la causalidad.
Mediante este proceso de atraer a la madre, para que atienda sus necesidades mediante los gritos, el ser humano experimenta por primera vez el principio de post hoc ergo propter hoc, en relacion a su propio acto.
Ahora el niño puede influir aliviar su incomodidad y aprenderá a influir su medio para que le ofrezca la satisfacción deseada. Tenemos entonces la transición desde la etapa de la manifestación pura de lo que se siente a la etapa de petición de lo que se desea, paso que da comienzo a la comunicación.
Entre el cuarto y sexto mes de vida surge el miedo, segundo paso hacia el establecimiento de la angustia propiamente dicha. En la primera etapa, se manifiesta una relación desagradable cuando la tensión interna perturba el estado de equilibrio. En la segunda etapa, la reacción de termor es provocada por un precepto que el niño ha relacionado con una experiencia desagradable previa.
La angustia del octavo mes es diferente de la conducta medrosa. En la reacción hacia lo desconocido, el niño responde a algo o a alguien con lo que, o con el que, no tuvo nunca antes una experiencia desagradable. Si reacciona al enfrentarse con un desconocido, es porque éste no es su madre, su madre “le ha dejado”.
Esto contrasta con el niño de tres meses, para el cual un rostro humano es lo mismo que otro, pues para él sólo representa un Gestalt signo de la satisfacfción de la necesidad. Cuando el desconocido se acerca al niño de ocho meses, éste se siente burlado, en su deseo de tener a su madre con él. La angustia que manifiesta no es en respuesta al recuerdo de una experiencia desagradable con el desconocido.
Como la respuesta sonriente a la edad de tres meses, la angustia del octavo mes señala una etapa diferente en el desarrollo de la organización psíquica.En el caso de la angustia del octavo mes, el precepto de la cara del desconocido qua face es comparado con las huellas mnímicas del rostro de la madre.
La madre se ha convertido en el objeto libidinal, amoroso del niño. El niño modifica su modo de tratar con el medio y domina a éste porque ha adquirido la función de la decisión.
La angustia del octavo mes indica la emergencia en la psique de un segundo organizador. Tanto la personalidad del niño como su conducta, sufrirán un cambio radical.
Al nivel del octavo mes, el dispacer adopta la forma de la angustia específica, cuando se acerca al pequeño un desconocido. Las fases sucesivas de este sector del dessrrollo marchan paralelascon las fases de otros dos sectores del desarrollo.
Uno de elllos es aquel que lleva a la integración del yo. El otro el del desarrollo progresivo de las relaciones de objeto, que culmina en la constitución del objeto libidinal.
Estas tres corrientes del desarrrollo: la cristalización de la respuesta afectiva, la integración del yo y la consolidación de las relaciones de objeto son dependientes entre sí.
Los dos pasos principales que llevan a la constitución del objeto libidinal son:1)el establecimeinto de la representación del rostro humano en el sistema mnímico como un incentivo nos informa del surgimiento del precursor del objeto;2)Tres o cuatro meses después aparece la angustia. Esta indica que el niño diferencia el semblante de la madre y le adjudica un lugar único entro todos los demás rostros humanos. Desde entonces y durante algún tiempo después, el niño preferirá el rostro materno y rechazará todos los otros que difieran de él. Esto es lo que indica el establecimiento del “objeto” libidinal propiamente dicho.